La retribución flexible lleva años ganando terreno en las empresas españolas. Y los datos lo confirman: la oferta de beneficios flexibles creció del 42,5% en 2024 al 46,3% en 2025, y la tendencia no muestra señales de frenarse. Seguro médico, vales de comida, transporte, guardería, formación… son soluciones que funcionan bien para muchos empleados.
Pero no para todos: los planes de retribución flexible, por muy bien diseñados que estén, pueden dejar fuera a una parte de la plantilla. Y cuando eso ocurre, el beneficio que la empresa ha implantado se convierte en aire.
La aportación de la empresa: la bolsa que no todos usan
Cuando una empresa implementa un plan de retribución flexible con aportación propia —es decir, asignando una bolsa de dinero a cada empleado sin que este tenga que ceder parte de su salario— el objetivo es claro: mejorar la compensación percibida y fidelizar talento.
El problema aparece cuando el empleado mira el catálogo de productos disponibles y no encuentra nada que le encaje: empleados en teletrabajo pueden no necesitar transporte o comida todos los días; el perfil joven sin hijos no usará la guardería; quien ya tiene seguro médico privado no quiere otro.
Estos empleados no están siendo difíciles ni desagradecidos. Simplemente, el plan no está diseñado para ellos. Y si no tienen alternativa, la bolsa que la empresa les ha asignado quedará sin usar.
Eso es un coste invisible. La empresa ha destinado un presupuesto a beneficios que, para ese trabajador, no aplican. Según el estudio Better Work 2024, las empresas que promueven activamente el uso de los beneficios casi triplican los niveles de compromiso de sus empleados, pasando del 20% al 55%. Pero para que los beneficios se usen, primero tienen que ser relevantes para quien los recibe.
La tarjeta regalo como alternativa
Incorporar una tarjeta regalo al catálogo del plan de retribución flexible es una forma sencilla y eficaz de cerrar ese hueco. El empleado que no quiere, o no puede, aprovechar los productos habituales del plan tiene una alternativa real: destinar esa bolsa de empresa a una tarjeta regalo multimarca y elegir en qué gastarla, desde compras en supermercado a ocio o viajes.
El hecho de que la tarjeta regalo, a diferencia de otros productos de retribución flexible, no esté exenta de IRPF no le resta valor. Estamos hablando de dinero que, de otra forma, simplemente no se utilizará. Para ese empleado, recibir una tarjeta regalo con la que comprarse lo que quiere es, en todos los sentidos, mejor que no recibir nada.
El esquema es sencillo: la empresa asigna una bolsa por empleado. Quien quiere seguro médico, lo elige. Quien prefiere el vale de transporte, guardería, comida, etc., también. Y quien no encuentra ninguna opción que le interese en el catálogo, puede optar por la tarjeta regalo. Sin complejidad administrativa adicional, sin cargas manuales y sin que nadie pierda su beneficio, a excepción de la exención de tributación (lo que es el menor de los inconvenientes en determinados casos).
Un plan diseñado para el 100%
Si estás revisando o diseñando el plan de beneficios de tu empresa, la pregunta que vale la pena hacerse no es «¿cuántos productos tenemos en el catálogo?» sino «¿hay algo en el catálogo para cada persona de mi plantilla?». Si la respuesta es no, la tarjeta regalo puede ser exactamente la pieza que te falta.






